29.10.11

NO TODOS LOS POLÍTICOS/AS SON IGUALES

Bandrés en una concentración en 1999

Me duele la insistencia del absurdo generalizador que va contra las leyes de la lógica más básicas y lo discuto dónde sea y con quién sea. Por eso, he tenido algún que otro conflicto, porque no me callo y soy socialista.  Amo la política, la política que lucha por el bien de la mayoría, que se puede equivocar, como se equivoca la ciencia y cualquier actividad humana, pero que aprende y sigue. Conozco a muchos y muchas que trabajan con honradez y con muy poco descanso, que se dejan la piel por los demás y  me niego a aceptar la idea que va de boca en boca de que todos los políticos son iguales.

Algunos de los que conozco trabajan duro, muy duro, otros se recuperan de las cuchilladas en familia y otros se van de viaje para siempre.

Cuando ayer leí que Juan Marí Bandrés se había ido, pensé en todo lo que había hecho, en su evolución, en su compromiso con la democracia y en lo que no verá en su amado País Vasco; pues con sus 79 años aún le quedaba tiempo para disfrutar del resultado de su esfuerzo y de su trabajo político. Estaba apartado de la vida pública tras un derrame cerebral en 1997. "Patxi López, ha escrito en su cuenta de Twitter: "Ha muerto Bandrés. Un luchador por la libertad que por desgracia no ha podido disfrutar de este nuevo tiempo en Euskadi por el que tanto peleó"

Hoy he leído en el blog de Anabel Díez en El País una anécdota  de Bandrés, que se sigue produciendo penosamente. Reproduzco su post In Memoriam, porque ayuda a conocer quién fue Juan Mari Bandrés y a entender que no estuvo solo, a pesar de su destierro, que ironía, en Puchena (Almería) y que hoy son muchos los políticos de su clase, los que consiguieron y consiguen, tragando dolor, hacer de España una democracia. Su legado forma parte de la historia que hoy recogen esos muchos y muchas, porque todos los políticos no son iguales, como no lo son los profesores, las juezas, los administrativos, las ejecutivas...los seres humanos.

El texto de Anabel Diez dice así:

La trayectoria de Juan Marí Bandrés, sus méritos, su peripecia, su evolución, se está contando con mucho rigor y fundamento por colegas y políticos que le siguieron muy de cerca, sobre todo en el País Vasco. Sin duda es lo que más interesa. Hace una semana ETA comunicó el cese de la violencia por la que tanto había clamado, como ha recordado el diputado socialista vasco Txiki Benegas


Pero yo quisiera resaltar otros aspectos del personaje, vinculados a su indesmayable defensa de los derechos humanos y a sus posiciones siempre alerta ante cualquier atisbo de menoscabo de la democracia.

El recuerdo que tengo de Bandrés coincide con los primeros años de mi vida profesional cuando me instalé en el Congreso de los Diputados ya que los periodistas pasábamos allí todas las horas del día. La calidad política del personaje era indudable. Nos preguntábamos entonces cómo era posible que solo un diputado, en nombre de Euskadiko Ezkerra, tuviera la capacidad de concitar la máxima atención, se tratara del tema que se tratara. Su verbo pausado, sin estridencias, conseguía calar en todas las bancadas del hemiciclo. A Bandrés se le escuchaba en silencio. No había murmullos.

Cierto es que su afabilidad con los periodistas le hacía especialmente atractivo pero, sobre todo, nunca defraudaba. Lo que decía no era vulgar y se salía de las declaraciones al uso para salir del paso. Hacía las delicias de los compañeros de radios y televisiones "¡Qué buen corte tenemos de Bandrés!", se escuchaba con harta frecuencia. Es verdad que su mayor lucimiento se producía cuando hablaba de derechos fundamentales y democráticos porque esa pasión por la libertad era su mayor seña de identidad. En el momento de rendirle homenaje he recordado una anécdota suya que nunca he olvidado.

Corrían los primeros años 90 y arreciaba en España el desencanto por la cadena de casos de corrupción, que unido a un desempleo brutal, hacía de los políticos una clase poco apreciada por los ciudadanos. El “todos son iguales”, hizo fortuna. Bandrés combatía esa especie como podía. Por ejemplo, en los taxis. “Hoy tengo el record; me he bajado de tres taxis”. Esto nos dijo el diputado vasco a un grupo de periodistas con los que se topó a la entrada del Congreso. ¿Cómo?, le preguntamos. Se trataba de los siguiente: Cuando Bandrés se acomodaba en el taxi e indicaba que se dirigía al Congreso de los Diputados, comenzaba la catarata de descalificaciones: “Pues vaya, va usted a esa cueva de ladrones y maleantes…..”.  

El parlamentario trataba de convencer al conductor de que esa perspectiva no era correcta, siempre con la mesura que le caracterizaba. Pero el taxista no tenía intención de enmendarse. La respuesta de Bandrés no se hacía esperar. “Por favor, pare que me bajo”. Y así hasta tres veces en un día, nos contó. La democracia hay que mimarla aunque tenga excrecencias que hay que eliminar, nos decía Bandrés, un demócrata radical. Descanse en paz.

¡Buen viaje, Juan Mari!

Y no puedo olvidar en este sábado de lluvia en Godella, con la que cae en el PP por el tema, que Baltasar Garzón será el primer juzgado por la Gürtel ,el próximo 29 de noviembre, por ordenar las escuchas telefónicas ¡ Qué país, diría Forges!

La foto es de EL País

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