27.6.16

ELECCIONES GENERALES




Después de ver el azul España en los resultados de ayer, siendo conscientes del trabajo y la dedicación del PSOE en estos años y en el intento de cambiar España con Pedro Sánchez de presidente y que después de tanta corrupción y abusos, tengamos estos datos con un índice de participación menor...

Felicitar al PP por su triunfo es amargo, pero en democracia hay que hacerlo.

Dentro de unos días, es posible que se sedimenten los datos y las emociones y que tras la reflexión, el orden, la razón y el consenso se impongan en el análisis y no tenga tantas ganas de pedir responsabilidades a los que hicieron que la oportunidad histórica tras el 20D se diluyera entre consignas y parafernalias, mientras alguna prensa trataba la política y la esperanza del futuro de la mayoría como una revista del corazón. Por no hablar de las encuestas...

Y aquí está la derecha de nuevo sonriendo en su cortijo para vergüenza de nuestros padres y de nuestros hijos.

¡Gracias, Pedro Sánchez! ¡Seguiremos hasta conseguirlo!

Este poema de Jaime Gil de Biedma, que me envió esta mañana una compañera refleja lo que sentimos algunos y algunas.

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno,
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?
De todas las historias de la Historia
la más triste sin duda es la de España
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.
Nuestra famosa inmemorial pobreza
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno,
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.
A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.
Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.
Quiero creer que no hay tales demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia.
Son ellos quienes han vendido al hombre,
los que le han vertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.
Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.


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