9.2.10

TU HISTORIA ES NUESTRA HISTORIA

El concurso de relatos tu historia es nuestra historia que convoca el PSOE y la Fundación Jaime Vera ha recibido muchas aportaciones. La lectura de estos relatos ha servido para montar este vídeo que nos han enviado. Hasta el día 14 de febrero hay tiempo para presentar más.

Este certamen es un homenaje a todos los y las militantes del Partido Socialista Obrero Español. Con él pretendemos recuperar los testimonios, en unos casos olvidados, y en otros muchos callados, de todos los compañeros y compañeras que lucharon y luchan por los ideales socialistas.

Sirva de muestra un botón. El relato de Alicia Vázquez de Paterna, que habla del exilio interior y exterior.

Como les ocurrió a muchos hijos del Exilio Republicano, mi padre me contaba de manera repetitiva algunos episodios de la guerra y luego del exilio y del internamiento en los campos de concentración. Todos esos relatos iban acompañados de la frase: “Franco acabará el año que viene”. Franco se murió de viejo, en su cama y un gran número de republicanos, en el exilio. Yo tuve la suerte de tener a mi padre longevo pero en los últimos años aquella memoria extraordinaria que tenía le fue fallando cada vez más y esas vivencias repetitivas que me contaba se fueron difuminando. Cuando él falleció, hace un año, realicé entonces el vacío que me dejaba, no solo afectivo sino vivencial. Aquellas “historietas” eran nuestro vécu y yo las había escuchado sin más. Ahora me van fallado datos y lo lamento profundamente porque es parte de la historia, de una historia muy enriquecedora.
Afortunadamente cada vez más, hijos, nietos del exilio y estudiosos dan a conocer esos episodios.
Aquí, hoy quiero rendir homenaje a LUCIO Y ANDREA y a través de esta pareja a un número considerable de parejas que como ellos conocieron las vicisitudes del exilio en la flor de su vida.

Lucio,”el Rubio”, como le llamaban era un hombre humilde en todos los sentidos. Extremeño, de Castuera y militante socialista convencido.Su mujer, Andrea, regordeta, bondadosa y tranquila dio a luz a su primera hija, Conchita, en la cárcel de Orán (Argelia) en abril de 1940. Eso es lo que les ocurría a las mujeres del exilio a las puertas del fascismo nazi en los “países democráticos” y en sus colonias como fue el caso de Francia.
En los años de mi infancia, cuando acabó la 2ª Guerra Mundial y a los exiliados después de liberarlos de los campos de concentración les reconocieron el estatuto de “Residentes Privilegiados”, compartí juegos y vivencias con Conchita, la niña nacida en la cárcel y su hermano Paquito, cuatro años más joven.
Para mi, hija única, -con un padre libre pensador y racionalista y una madre obsesionada por mi salud, mi madre había tenido la desgracia de perder a su primera hija-, era un placer ir a casa de esa familia humilde y risueña.Como con Paquito me peleaba mucho, su madre tenía siempre una frase genial, dicha con su acento extremeño y su consabida dulzura: “¡Esos joíos niños!”.Me encantaba compartir con ellos trozos de sandía, en mi casa solo podía comer melón.Con ellos también comía “calentica”, una especialidad de Argelia hecha a base de harina de garbanzos.

El Rubio, analfabeto, cuando volvía de la sede de la “SFIO” que daba cobijo al Partido Socialista Español en Orán, traía debajo del brazo el ejemplar de una revista y muchas veces se sentaba y desplegaba el periódico al revés.Cuando fuimos creciendo y en edad de ir a la escuela, El Rubio compró un diccionario y se empeñaba que su hijo Paquito aprendiese de memoria las palabras que allí estaban escritas. Este buen hombre sabía que la salvación de sus hijos pasaba por la impregnación de la Cultura.Para mi era un privilegio acompañarles en Navidad a la sede del Partido donde un árbol engalanado presidía la fiesta y a los niños se nos entregaba una naranja.
Cuando muchos años después llegué a Valencia y mi marido y yo, militamos en el Partido Socialista mi primera idea fue de recrear esas fiestas de convivencia que me habían marcado tanto en mi infancia. En la agrupación del Marítimo, con la ayuda de otras compañeras, celebramos un Carnaval con crêpes comprendidas. Y en la agrupación de Mislata hice que los niños asistiesen a nuestras reuniones porque por aquel entonces éramos todas las mujeres, jóvenes madres.
De estos amigos que me dejaron tantas huellas, no supe más porque luego nos tocó vivir la independencia de Argelia y si unos nos quedamos allí, otros cuantos se marcharon a Francia, otros empezaron a regresar a España, -ya hacía mucho que nuestros padres habían perdido la ilusión de la desaparición de la dictadura franquista con la ayuda de las democracias europeas- y nuestros caminos ya no se volvieron a cruzar.El Rubio quedó enterrado en Orán donde había fallecido unos años antes y Andrea siguió a su hija en las afueras de París.

Como decía al principio de este escrito, hoy por suerte se están recuperando muchas vivencias del exilio exterior pero también del interior porque ese “exilio” también fue durísimo, fue el exilio del silencio, de la anulación de uno mismo.
A todos los “Lucio y Andrea” de la guerra, del exilio, de la posguerra, hombres y mujeres humildes, sencillos, sin títulos ni grandes hazañas, con el corazón roto y la vida destrozada por las separaciones, las humillaciones, les dedico estas líneas con mi cariño y admiración.

Podéis leer los relatos y participar en

http://www.fundacionjaimevera.es/

http://www.tuhistoriaesnuestrahistoria.es/portada.php

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