3.4.10

EL ORÍN DE LOS PERROS

Con este título Alfons Cervera, otro de mis articulistas favoritos, escribía el pasado fin de semana una columna en Levante sobre un tema que nos preocupa y nos angustia a los demócratas y del que hablábamos hace unos días en una entrada Vergüenza. Se trata de la Justicia.
Cuando el poeta León Felipe en la posguerra escribió «ahora que la justicia vale menos,/ infinitamente menos/ que el orín de los perros», no sabía lo que estaba por venir en democracia.
Este es el artículo completo de Adolf Cervera:
"Hasta ahora la Justicia era intocable, como el Rey o el comienzo de la primavera en El Corte Inglés. Pero desde hace tiempo anda la pobre hecha unos zorros. Nadie se fía de sus decisiones, nadie se cree que esas decisiones sean las mismas para todos. Hay una Justicia para ricos y otra muy diferente para pobres. Los ladrones de altura casi nunca van a la cárcel. Pero si robas una gallina irás a parar a una mazmorra antes de que la hayas dejado caer en la cazuela. No es una tontería lo que está pasando con la Justicia. Cuando ves el caso Fabra te pones a temblar. Cuando ves el caso Camps y todo el Gürtel se te llena el cuerpo de granos con pus. Cuando escuchas lo que dice el juez Eloy Velasco de la complicidad entre ETA y las FARC colombianas, lo cogerías del cuello porque ese mismo juez, cuando era Director General de Justicia en el gobierno de Zaplana, estaba con el presidente de la Generalitat el día en que recibía oficialmente en su despacho a Raúl Reyes, jefe de las FARC. Ahora ese juez denuncia hipócritamente una presunta relación entre Chávez, ETA y las FARC y se queda tan ancho.
Lo último que pone de los nervios es lo que dice otro juez valenciano, Fernando de Rosa, que fue conseller de Justicia en el gobierno de Francisco Camps. En el asedio que los jueces están perpetrando contra Garzón destacan las palabras cínicas del tal Fernando de Rosa, ahora convertido en vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial. Según esas palabras, Garzón ha de dejar la judicatura porque tiene tres denuncias en su contra y eso lo hace merecedor de la expulsión de la carrera judicial. Lo que no dice el alto representante de la Justicia es que uno de los motivos principales de esas denuncias es que Garzón destapó el caso Gürtel y empapeló entre otros a Camps, que sigue siendo uno de sus amigos del alma. Lo que tampoco dice es que su amigo y colega Juan Luis de la Rúa debió apartarse del caso Camps porque al juez y al presidente los unía una relación que iba más allá de la amistad normal y corriente. Lo que no dice ni a la de mil ese juez de moral desmañada al opinar de esa manera tan arbitraria es que hay una operación nada encubierta surgida de la judicatura para anular las escuchas del caso Gürtel, una iniciativa que dejaría en suspenso las fechorías convictas y confesas cometidas por altos cargos del PP. Esa operación ya ha obtenido sus primeros frutos con la anulación, por el TSJ de Madrid, de las escuchas grabadas en la cárcel a los cabecillas de la trama que hablan de una posible financiación ilegal del PP.
La verdad es que cuesta muchísimo aceptar que la Justicia haya caído tan bajo. Ya venía apuntando en los últimos tiempos contundentes señales de su derrumbe ético y su absoluta falta de ecuanimidad. Pero llegar a chapotear en el barro como está haciendo ahora era difícil de esperar. Era difícil de esperar pero ha llegado a ese punto y ahí anda, levantando las alas temblorosas entre una masa repugnante de alquitrán que entorpece sus movimientos zombies. Ustedes dirán que es una casualidad lo que les voy a contar para terminar esta columna, pero a lo mejor no es una casualidad sino una oportuna jugada del destino. Me refiero a lo que me pasó precisamente el pasado lunes. Estaba escarbando en unos viejos poemas de la guerra y la posguerra españolas y me encontré con unos versos de León Felipe: «ahora que la justicia vale menos,/ infinitamente menos/ que el orín de los perros». Esos versos de Antología rota tienen más de setenta años. Y al encontrarlos en un antiguo ejemplar forrado con un papel áspero que no sé de dónde viene, pensé que estaban escritos para contestar a las palabras cínicas de Eloy Velasco, Fernando de Rosa y toda esa nómina de jueces que están haciendo lo imposible por hundir a la Justicia en el fango de sus partidismos políticos, amistosos y gremiales. ¡Menuda Justicia tenemos con gente así, menuda Justicia!

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